Capítulo 20 - Pseudociencias

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20 - Pseudociencias

 

Ludovic se detuvo frente a un enorme umbral, uno que conocía bien, pues cada que salía del claustro a atender un caso tenía que pasar por ahí, de hecho todos los folkloristas conocían ese lugar. Levantó la mirada hacia la placa de bronce que rezaba: CÍRCULO DE PSEUDOCIENCIAS.

Igual que en el ala galena; la cual se encontraba justo al otro extremo del pasillo, el área de pseudociencias desentonaba con la arquitectura gótica del claustro, bastaba con ver la entrada. Los grandes portones de madera eran reemplazados por puertas de cristal que se abrían automáticamente dando la bienvenida a un moderno laboratorio. En el interior se sentía el aire helado y cargado de estática por el constante zumbido de los montones de máquinas y aparatos que se amontonaban por todas partes.

Pasaron cinco días desde el versus que tuvo con Dante, tiempo en el que acontecieron varias cosas, empezando por el hecho de que la noticia de la derrota de Fortuna se había esparcido como la gripa. Algunos otros cerberos cambiaron su forma en cómo lo miraban, a Ludo le parecía como si de pronto le tuvieran respeto, algunos incluso le sonreían y le hacían gestos de saludo, justo hoy al salir de su cuarto alguien a quien no conocía su nombre lo saludó, por un par de segundos su cerbero se trabó junto con todo su cuerpo pues tardó en darse cuenta de que el saludo fue para él. Caminar por los pasillos del claustro ahora le resultaba más molesto, más que nada por el hecho de que algunos fokloristas humanos; sobre todo del círculo de pacificadores se mostraban más despectivos.

En cuanto a sus últimos días con Victoria, el día anterior Ludo terminó de mostrarle hasta el más remoto rincón del claustro, justo a tiempo para que iniciaran sus días en la academia. Sonrió al recordar su reacción cuando vio su programa de formación.

—¿Taumaturga? —preguntó con disgusto—, ¿qué cojones es eso?, ¿otra nueva clase de insulto?

—Es el término que se utiliza aquí para referirse a los cerberos que usan magia —respondió.

—Palabra más estúpida se les pudo ocurrir. ¿Qué problema hay con bruja o maleficarum?

Ambos se hallaban sentados en una banca afuera de la entrada de la perrera, la academia de cerberos. Victoria se retocaba su labial de un rojo casi marrón que combinaba a la perfección con su mirada color ámbar. Llevaba puesto el uniforme de los cerberos novatos, un traje muy similar al de las vestimentas de combate pero más sencillo y de color gris en vez de negro. La belleza de Victoria la hacía ver como si estuviera lista para desfilar por una pasarela.

Ludo se encogió de hombros.

—Te darás cuenta que aquí les gusta utilizar palabras muy pomposas —explicó después de levantarse de la banca.

El último grupo de novatos ingresó por el umbral, seguidos de la misma paladín que Ludo  vio dando la clase de introducción al folklorismo a los humanos hace unos días. Destacaba sobre todos con facilidad tanto por el color oscuro de su ropa como por el hecho de que carecía de un collar. La mujer se mantuvo en el umbral con brazos cruzados, viendo en dirección a ambos cerberos.

—Estaré por aquí un par de días más, si no es que me voy mañana —aseguró Ludo con sus manos metidas en la bolsa canguro de su suéter—, ya tienes mi contacto. Si no te veo antes del domingo te veré… cuando sea que regrese.

—Te desearía suerte, pero ya me quedó claro que no la necesitas, eres capaz de manejar los problemas… y a los idiotas —dijo después de guardar su labial y espejo en una cosmetiquera que igual guardó en una elegante bolsa de mano.

—Se la viven diciéndome que soy un problema e idiota así que supongo que tengo algo de inmunidad.

Victoria rió al levantarse.

—Lastima que no te mandarán a una playa de Aztlán, no te caería mal un bronceado.

Dicho eso Victoria se encaminó hacia la entrada, donde la seguía esperando la paladín.

—Pero no puedo broncearme... —susurró para sí mismo al recordar que eso mismo le había dicho a Charlotte cuando estuvieron infiltrados en el crucero.

La mañana antes de salir de su habitación leyó que Victoria le había enviado unos mensajes en los que le contaba lo aburridas que le parecieron sus primeras clases, y también aprovechó para mencionar que en la perrera también se había corrido el chisme del versus y de como un íncubo  había vencido a Dante Fortuna, el considerado mejor berserker que actualmente poseía la cofradía.

Ludo no esperaba tornarse en un icono de rebeldía ante los cerberos por los malos tratos que solían recibir, ni él mismo sabía cómo sentirse al respecto. Ya que desde que fue reclutado nunca le gustó seguir órdenes, la única explicación que podía dar a por que en la actualidad tenía un mejor comportamiento es que había aprendido a performar su actitud, a la gente le gustaba cierto tipo de conducta y si lo seguía era muy probable que lo dejaran en paz así que fue lo que comenzó a hacer. También estaba el factor NovaTec y más recientemente Charlotte, no le sentaba bien ver a ambos decepcionados, sobre todo su amigo.

Ludo se encaminó hacia el fondo del laboratorio. Pasó entre mesas de trabajo y montones de máquinas que solo los alquimistas conocen su función.

Los alquimistas eran los otros miembros de pseudociencias, y al igual que los galenos, su vestimenta se diferenciaba mucho a la de los folkloristas. Sus batas grises recordaban a las túnicas de los monjes jesuitas, un cinto les ceñía la bata a la cintura y a la vez era usado para cargar y sostener bolsas y demás herramientas que eran usadas en el laboratorio. Dependiendo el color del solideo en sus cabezas correspondía su rango, siendo el blanco el más bajo y el morado el más alto. Bordado en el lado izquierdo de sus batas se veía el escudo de pseudociencias, un árbol con una serpiente enrollada en el tronco que abría sus fauces al cielo e intentaba engullir una estrella.

Ludovic se sentía cómodo en ese lugar, no solo por que era el sitio en el que casi siempre encontraba a NovaTec, también por el hecho de que los alquimistas también estaban muy acostumbrados a tratar con los cerberos, a fin de cuentas ellos fueron quienes crearon los collares de obediencia.

Al llegar al fondo del laboratorio vio el enorme cristal que separaba la gran sala del resto del laboratorio. Grabado sobre el vidrio se leía en letras grandes y amarillas: CAMINOS. 

Justo a un lado de la entrada, recostada en una banca se veía a Charlotte, leyendo Guerra y Paz por enésima vez, el desgaste denotaba su uso. A pesar de que su compañera de folklorismo no solía ser muy abierta sobre su vida antes de la cofradía, Ludo era capaz de ver cierta nostalgia en algunas actitudes que realizaba.

—Micolash espera adentro, NovaTec sigue teniendo problemas para conectar con Zan Mar Tyn —dijo después de que lo vio llegar.

Al otro lado del cristal se veía el más amontonadero de máquinas y cables. Los alquimistas caminaban de un lado a otro viéndose más agobiados que de costumbre.

—Con lo perfeccionista que es NovaTec de seguro está al borde del colapso. —Ludovic extendió su blanca sonrisa y comenzó a balancearse sobre sus talones— Aún podemos sugerir que nos envíen en avión.

Charlotte se levantó y soltó un resoplido. Abrió una de las puertas de cristal dejando escapar un zumbido eléctrico. 

—Viajar en avión no es tan impresionante como te imaginas, en realidad puede ser muy estresante, sobre todo vuelos comerciales —con un ademán de mano invitó a Ludovic a pasar.

—Claro, como tú eras piloto de fuerza aérea —cruzó la puerta entornando los ojos—. Además, se lo dices a alguien que nunca se ha subido a un avión.

Charlotte notó un bulto extraño en el interior del sacó de su compañero., como si llevara .

—¿Qué tienes ahí? —preguntó notando que llevaba algo debajo de su brazo o dentro del forro. Ludo se endureció de los nervios y un leve tornasol apareció en sus mejillas.

—Algo que tuve que haber entregado hace tiempo —respondió a secas—, nada de tu incumbencia —fulminó a Charlotte con la mirada y después aceleró el paso.

—Ok… —dijo levantando las manos frente a ella, defensiva.

El fondo de la sala se hallaba enmarcado por dos columnas metálicas; una color negro y otra de un plateado casi blanco. Circuitos de cables serpenteaban cada una, y en medio de ellas ondeaba algo semejante a una tela proyectiva, una que en su superficie se veía una extraña imagen sumida en estática, un páramo iluminado por una intensa luz. Todo el desorden electrónico de la sala convergía en las columnas. Una franja bicolor en negro y amarillo advertía a otro muro de cristal, uno más grueso que el de la entrada, este aislaba los pilares del resto de la sala.

Encontraron a NovaTec sentado frente a un escritorio. Su cabello negro teñido de morado explotaba despeinado, su bata se veía arrugada y manchada de varias sustancias. El médico gruñía encorvado frente a una computadora, tecleando de vez en cuando con más fuerza de la necesaria. Junto a él Micolash observaba una pantalla que transmitía una imagen muy similar a lo que se veía entre las columnas, un horizonte de un blanco deslumbrante. Dos sujetos en ropas tácticas se les veía caminando por el paisaje portando pesados escudos y rifles de gran calibre, estos sujetos flanqueaban alguien más que portaba un traje más delgado y entallado, a pesar de la pobre calidad de la imagen se podía intuir que se trataba de un cuerpo femenino. Las tres figuras portaban cascos que recordaban a los de los astronautas.

Charlotte saludó al maestre Waite con una sutil reverencia, el maestre asintió sin despegar la vista del monitor.

Es imposible encontrar una puerta para sincronizar —se le escuchó decir a una mujer desde un altavoz—, estamos justo en las coordenadas pero es como si esa zona de Aztlán no existiera.

¡Porca puttana! —maldijo en etrusco— ¡No entiendo! ¿Por qué no aparece Zan Mar Tyn en el páramo? —NovaTec gritó antes de enterrar su rostro entre sus manos.

Ludovic se colocó a espalda de él sacó una lata de refresco de uva que había estado guardando en otra bolsa interior de su saco y tocó la frente de su amigo con la superficie fría de la lata. NovaTec apartó las manos revelando unos ojos carmesí enmarcados por ojeras.

—Hola Ludo —mostró una sutil pero sincera sonrisa desdibujó algo de su cansancio.

Iba a corresponder el saludo, pero este quedó ahogado cuando un peculiar aroma le llegó a la nariz. En anteriores ocasiones Ludovic ya se había mentalizado y llegado a la conclusión de que se veía ridículo poniéndose celoso por lo que hacía su mejor amigo en privado, pero le seguía siendo imposible evitar que sus entrañas hirvieran cuando detectaba que había estado con alguien más. Llegó a enterarse que hacía un par de días NovaTec junto con un grupo de alquimistas habían realizado un viaje express a Vattaba, algún motivo que habrá tenido pseudociencias, era obvio que NovaTec no desaprovechó el paseo. El pensamiento de que no fue él quien le ayudó a NovaTec a liberar su estrés hacía rabiar internamente a Ludovic.

Ya vamos a volver, el aura del páramo está empezando a contaminarnos —se escuchó decir en el altavoz.

—Tendremos que irnos por el plan B —NovaTec enderezó su figura para volver a centrar su atención en la computadora.

—¿Vas a desgarrar el velo al otro extremo?, ¿a plena luz del día? —preguntó un consternado Micolash.

—¿Por quién me tomas?, por supuesto que voy a cubrir el área —respondió el médico torciendo los ojos— La gente no se dará cuenta, si acaso lo que verán será un ventarrón de tierra, es una zona desértica después de todo. No hay de qué preocuparse.

Pero eso mismo fue lo que hizo Micolash.

Una vez fueron tecleados un par de comandos el sonido de una chicharra rebotó por todo el recinto, seguido por los reflejos de unos estrobos en el techo.

PRECAUCIÓN, DESGARRO DE VELO INMINENTE.

Advirtió la voz femenina de Monad, la inteligencia artificial del claustro.

Tras el cristal descendió un artefacto que recordaba una enorme pistola láser, esta se colocó apuntando al centro de los pilares, justo a la imagen holográfica que seguía ondeando de forma espectral.

El artefacto disparó una estela de luz que al impactar entre las columnas estallaron cientos de fragmentos cristalinos que se extendieron por la periferia como si se hubiera despedazado un gigantesco vitral.

NovaTec se le quedó viendo a la lata de refresco que aún sostenía Ludo, el íncubo seguía ensimismado mientras se tragaba la bilis. Necesitaba ya encontrarse en Zan Mar Tyn, en específico frente a la criatura o criaturas preternaturales que estaba ocasionando el folklore en ese pueblo. ¿Cómo iba a enojarse por que alguien vivía libre su sexualidad siendo él un íncubo, alguien que podría ser considerado promiscuo?

—¿Es para mí? —preguntó NovaTec señalando la lata estampada con figuras de uvas moradas.

El coraje ardiente que sentía Ludovic desapareció tan fugaz como apareció, todo después de ver el rostro rogón de su amigo. El cerbero asintió antes de extenderle el refresco de uva.

NovaTec emitió un sonido de satisfacción después de abrir y darle un largo trago a la soda.

—Que esto quede entre nosotros, Rose dice que me he estado excediendo con las gaseosas.

Cambió su peso varias veces entre sus dos pies y en cierto momento sintió que algo se le resbalaba de entre su saco.

«Cierto, casi lo olvido» se dijo.

Siguió removiendose en su sitio hasta que terminó de envalentonarse. NovaTec había media vuelta para tirar la lata vacía en el pequeño bote de basura bajo el escritorio, cuando volvió a encarar a Ludo casi se golpea la cara con la gran bolsa de paletas de uva que sostenía su amigo. El mismo empaque con el montón de uvas sonrientes que hasta el momento estuvo guardando en su habitación.

El rostro del médico pasó por varias emociones: sorpresa, alegría, confusión, la última siendo todo porque Ludo parecía reacio a soltar la bolsa pues escondía su cara tras ella.

—¡Son mis paletas favoritas!

—Lo sé.

¡Grazie!

Ludovic aprovechó que NovaTec estaba absorto con los dulces e intentó tranquilizarse su mar de emociones lo cual fue inútil.

—¿Cómo las conseguiste? Yo suelo tener problemas cuando trato de conseguirlas por internet, digo... la cofradía no tiene código postal. —NovaTec frunció su mirada al notar a Ludo meneándose mientras trataba de evitar contacto visual—. ¿Estás bien?

El médico estiró su mano hasta que el dorso de su mano hizo contacto con la frente del íncubo, un cúmulo de tonos tornasol se extendían desde sus mejillas y llegaban a bajar algunos centímetros de su cuello, casi daba la impresión que se había derramado pintura holográfica sobre su rostro. Ludovic desvió aún más su mirada lo que le provocó hacer contacto visual con Charlotte, la artillera le dedicaba un ceño fruncido de sospecha.

El interior de su boca se había tornado arenoso, ni siquiera le era posible tragar saliva, tuvo un arranque de tos cuando intentó hacerlo.

—¿Estás cachondo? —NovaTec cuestionó incrédulo después de que una de sus piernas rozó la dura entrepierna de Ludo bajo sus pantalones—, pero si te acabas de alimentar.

«¿Aun no entiendes que tú siempre me pones cachondo?» Se preguntó y se alejó con una risita nerviosa pues NovaTec seguía restregando su pierna contra él. El hecho de que fuera un íncubo no significaba lo mismo a ser un exhibicionista.

Su celular vibró por lo que aprovechó la distracción para alejarse varios de su amigo, era Victoria con un mensaje, a final de cuentas si le deseó buen viaje.

—¿Sabes?, algunos en el consejo no se les vio muy complacidos con lo bien que se te está dando la tutoría con Victoria, incluso yo quedé sorprendido... pero en el buen sentido —aclaró. No había forma de que NovaTec supiera que el reciente mensaje era ella, de igual forma Ludovic sonrió por la ironía—, aún si tomamos en cuenta la escenita que tú y Fortuna hicieron en el gimnasio —la misma noche después del Versus Ludovic regresó a su habitación sintiéndose como perro regañado por la reprimenda que le dio su amigo mientras lo volvía a curar—. Por cierto, Beatriz me dijo que no te reconoció a primera vista, aseguró que has cambiado mucho desde la última vez que te vio cuando aun eras compañero de Francisco, igual le mencioné que tiene algo de culpa pues siempre se la pasa enfrascada en sus asuntos con sus bardos, además de lidiar con su hijo mal criado.

Ludovic también tuvo problemas para reconocer a Beatriz en la arena, pero no se lo mencionó a nadie, sabía muy bien quién era y el lugar tan importante que ocupaba dentro de la cofradía, pero de alguna u otra forma no la había a vuelto a ver tan cerca desde la última batalla que él y Francisco tuvieron hace casi medio siglo en Yeru Shalom.

—Victoria de verdad que tiene talento —continuó NovaTec—, aun y con sus problemas creo que la terminarán escogiendo tiene lo necesario para que termine en el círculo de catafractos.

—Tú también los tenías y aún así fuiste de los mejores elementos de ese círculo —dijo Ludo con aire burlón.

—Y todavía los tengo —aseguró mientras de forma sutil fulminaba a Micolash, el maestre ya no estaba tan atento a las imágenes del monitor, sino a los mensajes que estaba respondiendo en su celular.

—Aún así, ¿dos de mis pupilos en las fuerzas especiales de la cofradía? —silbó de forma exagerada—, ¿debería de considerar aplicar para ser profesor en la perrera?

La pesada mano de Micolash palmeó la espalda de Ludo.

—Tienes todo el potencial —dijo uniéndose a la conversación con una sonrisa torcida—, pero también está ese detallito tuyo de llevar siempre la contraria.

—Es parte de mi encanto —respondió encogiéndose de hombros.

NovaTec volvió a sentarse frente a la computadora, el brillo de la pantalla fue mostrando como poco a poco el médico volvía a mostrar estrés y frustración.

—¿Aún no descubres qué es lo que causa la interferencia? —preguntó apoyándose tras NovaTec, sobre el respaldo de su silla.

—¡Cazzo, no!, me pone muy cabreado.

—Imaginaba que quien creó los caminos sería quien mejor entendería del problema —el íncubo enterró sus dedos en la melena teñida y comenzó a masajearle la cabeza.

—No estás ayudando… —sentenció, de igual forma soltó un suspiro de gusto y cerró sus ojos por un momento— Yo no los creé, solo adapté una zona del páramo a nuestras necesidades. —la computadora emitió unos pitidos, NovaTec abrió sus ojos y tecleó otros comandos— Todavía sigo sin comprender mucho de esa zona interdimensional. Más bien yo esperaría a que alguien que salió del páramo tuviera mejor entendimiento del mismo.

Se hizo un breve silencio entre los dos en el que Ludo dejó de acicalar a NovaTec.

Touché —respondió después de unos segundos y terminó por despeinar aún más el cabello de su amigo.

Todos los presentes voltearon hacia los pilares para ver el momento justo en el que tres figuras emergían de la espiral de cristales. La sonrisa de Ludo abandonó sus labios. A pesar de los cascos que llevaban y de la distancia que los separaba, Ludo pudo reconocer la identidad de uno de los folkloristas. Sam.

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