21 - Caminos
Ya presentes, fuera de la explosión de cristales se podía apreciar mejor a los dos hombres corpulentos que se vieron en la transmisión de la pantalla, se tenía una mejor visión del equipo que portaban, una versión más gruesa y compleja de la vestimenta de combate como la que se le vio usar a Ludo y Dante en la arena. Aún se mantenía ese diseño entre medieval, místico y moderno, si no si miraba con detenimiento fácil podrían pasar por la ropa táctica de fuerzas especiales tipo SWAT.
Entre los dos hombres había una diferencia notable de altura, y a pesar de compartir un físico similar el de menor estatura se apreciaba más ancho de hombros y pecho, su musculatura era evidente, tenía algo de barriga.
Sobre sus pechos izquierdos resaltaba el logo del círculo de vanguardia, un escudo triangular sobre un fondo estrellado, en el centro del escudo se apreciaba un sol con rostro.
Entre los dos destacaba una mujer, más alta que ambos hombres. A diferencia de los gruesos trajes el de la mujer recordaba a los de buceo. Sobre la cabeza de ella flotaba un yi-mini que era quien había estado transmitiendo las imágenes de antes en la pantalla. El dron no tardó aterrizó en la mano de la mujer antes de desactivarse y apagarse.
DESACTIVANDO PILARES BOAZ Y JAKIN.
Después de otro sonido sordo, el láser se detuvo. Las estelas de cristales que tapizaron el fondo de la sala se fueron doblando, la imagen de la tela ondeante proyectiva fue difuminando hasta que fue posible ver la pared que había detrás, en esta se lograban ver rastros de quemaduras eléctricas y una gran señal que advertía: PELIGRO, MANTENGA SU DISTANCIA.
Las balizas lumínicas en el techo siguieron activas mientras el cristal que estuvo separando el fondo comenzó a alzarse.
Mientras se acercaban al escritorio de NovaTec los tres retiraron sus cascos. Los dos hombres eran rubios pero de tonos distintos, Ludovic intentó no hacer contacto visual con el de tono cenizo que le sonreía apenas lo vio.
La mujer se trataba de la doctora Rose Mary, la mano derecha de NovaTec, aunque ya todos la habían reconocido desde que la oyeron hablar en el altavoz.
Sam se vio con intenciones de acercarse a Ludo, pero como este seguía tras la silla de NovaTec y Micolash se interponía en su camino se mantuvo frente al escritorio, por el momento. Ludovic ya no se apoyaba con sus brazos sobre el respaldo, en vez de eso ahora se aferraba a los bordes del mismo, como si quisiera utilizarlo como escudo. NovaTec percibió lo inmóvil que se había vuelto su asiento y extrañado levantó su mirada notando la repentina tensión en su amigo quien seguía evitando la mirada del folklorista.
—¿Félix? —preguntó Charlotte al ver la identidad del hombre de estatura más baja— ¿qué no habías comenzado ya tus pruebas como bardo?
Se trataba de un hombre joven con la apariencia de estar en la mitad o finales de sus veintes; aunque tomando en cuenta la maldición del lirio no se podía estar seguro, piel bronceada y cabello rubio dorado, unos ojos de color verde profundo destacaban en su rostro redondeado.
—La doctora Rose pidió mi apoyo una última vez como guardián y la maestre Alighieri dijo que no había problemas, al fin y al cabo tengo que acostumbrarme a las caminatas en el páramo —respondió. Tenía una voz profunda pero melodiosa desentonado un poco con su corpulencia.
Sam rodeó el escritorio por el otro extremo y NovaTec logró sentir el momento justo en el que su silla dejó estar rígida, Ludovic trató de evadir el encuentro pero Micolash seguía bloqueando el otro extremo, lo único que logró fue tirar una caja con varios documentos que se esparcieron por el suelo. Se agachó a recogerlos.
—¡Ey! —dijo el folklorista guardián, se colocó en cuclillas y se le unió a Ludo apilando varios documentos sin preocuparse por el orden—, ya llegó el día, ¿eh?, nuevo caso.
—Pues sí... —respondió a secas, a pesar de la sonrisa en sus labios—, te lo dije hace unos días.
El rubio asintió e introdujo un montón de papeles arrugados en la caja, Ludovic observó con molestia, él estaba cuidando de no maltratar los documentos.
—Y... ¿entonces seguimos con la idea de hacer algo después de que regreses? —preguntó. Ya no se molestaba en seguir recogiendo los papeles—, podrías pasarte por mi dormitorio apenas llegues —continuó, dio un par de palmadas en la espalda de Ludo haciendo que este casi pierda el equilibrio. La sonrisa en Ludo cada vez se veía más forzada—, digo... no tiene que ser de inmediato, o sea, te tomas un día o dos para descansar y luego ya podemos divertirnos, ¿qué dices?
A Ludovic a veces le parecía gracioso como algunos solían decirle que muchas veces hablaba sin filtros, descarado, pero luego estaba Sam que no le importaba sugerir un acostón teniendo a dos maestres junto a él.
Ludo terminó de recoger todo y lo volvió a colocar en su sitio, cuidando de no dejar la caja muy a la orilla.
—¿Yo, yendo a los dormitorios de vanguardia? —preguntó con sus gruesas cejas arqueadas—, creo que ni me dejarán acercarme. —Extendió un poco sus brazos a sus costados— Cerbero, ¿recuerdas?, ¿por qué crees que solemos vernos en el mío?
—Cierto, qué tonto —se rascó la nuca—, entonces me daré yo la vuelta por tu lugar —aseguró—, igual y puedo invitar a Maxwell como aquella ocasión, ¿recuerdas?, fue divertido.
La sonrisa de Ludovic se había vuelto sardónica al punto de que sus mejillas le dolían como si sus músculos faciales se vieran obligados a anclarse con cientos de alfileres. Si ya la presencia del folklorista le resultaba incómoda la mención de esos nombres y el recuerdo de lo que mencionaba le hizo sentir como cada vello en su cuerpo se erizaba como si estuviera en presencia de peligro. Ludovic a veces odiaba su naturaleza de íncubo, y de cómo su cuerpo reaccionaba a pesar de que la persona que le tocaba no era realmente de su agrado.
—¿Samuel? —se escuchó decir a NovaTec desde su silla—, ya fue todo por hoy, puedes retirarte con tus demás compañeros de vanguardia, muchas gracias por tu servicio.
El folklorista tardó unos segundos en dar media vuelta, miró al médico como si no entendiera que se estaba refiriendo a él a pesar de que mencionó su nombre. Sam era de ese grupo de folkloristas humanos que seguían sin comprender cómo un ex-cerbero llegó a un puesto de maestre.
—No tengo ningún otro compromiso con mi círculo —dijo con una voz seria y monocorde, una que hasta el momento Ludovic no le había escuchado usar en alguien más.
Samuel se mantuvo mirando al médico como si no entendiera sus palabras, o más bien sin entender por qué le estaba hablando a él. Sobre su hombro cayó la mano de Micolash, y cuando el folklorista le miró su lenguaje corporal cambió por completo y al instante.
—Creo que se te olvidó que esta es una zona restringida, Sam, solo los alquimistas y folkloristas que están por cruzar los caminos pueden estar aquí —comentó Micolash.
La dura mirada de Samuel se suavizó ante la del maestre de avistamientos. De igual forma volteó a ver a Félix con duda, el cual ya había desmaterializado su vestimenta de combate y se encontraba colocando su enorme escudo y rifle en la mesa en la que Sam colocó los suyos con anterioridad. Micolash interpretó lo que estaba pensando y agregó.
—Tu compañero te alcanzará después, a fin de cuentas esta fue su última misión como guardián —volvió a palmear al folklorista—. Hay algunas cosas que la maestre Beatriz pidió que discutiéramos con él.
No muy convencido terminó por asentir. Buscó a Ludovic con la mirada pero este ya se había vuelto a alejar y se encontraba junto a Félix atento a el arma de gran calibre que dejó sobre la mesa. Sam también se dio cuenta de la mirada filosa que le estaba dedicando Charlotte, como si quisiera diseccionar el comportamiento que acababa de tener.
Con una leve reverencia el rubio se despidió solamente de Micolash. Se le vio cruzar las puertas de cristal en el momento en el que otra figura conocida ingresaba, Jolane, la paladín se quedó observando a la distancia.
Ludovic tomó el rifle que dejó Félix y la observó en sus manos, vio a una pared a través de la mirilla y después se giró hasta encontrar al guardián, cuando este lo notó arqueó sus rubias cejas mostrando sorpresa en sus ojos esmeralda.
—Esta no es tu arma —aseguró Ludo.
—Tampoco la tuya —respondió Rose Mary antes de arrebatarle el rifle. Comenzó a desensamblarlo dejando sus partes en la misma mesa—. No hagas eso —le recriminó.
Charlotte y Félix se les vio en una conversación profunda, siendo Charlotte la que sobre todo hacía preguntas. Ambos habían sido compañeros en la academia, pero ya que ingresaron a círculos diferentes no solían tener muchas oportunidades de coincidir, a veces quedaban en comer, o entrenar juntos, y muy de vez en cuando tenían oportunidad de tener una salida fuera de Bohemia, como al puerto de Vattava.
—Solo estaba jugando —resultaba demasiado notorio como la postura y expresiones del íncubo cambiaron en cuanto Sam ya no estuvo presente.
—Ya que hablamos de armas —mencionó Micolash. Se alcanzaba a notar como el maestre desviaba de vez en cuando su atención hacia el sitio que se le veía recargada la paladín—, ¿por qué no traemos las de mis folkloristas y empezamos a alistar su salida?
—Aún no confías en mí, ¿verdad? —preguntó NovaTec— Después de tantos años de trabajar juntos.
—Sigues sin arreglar los caminos —puntualizó Micolash.
NovaTec endureció el rostro y miró con molestia al maestre.
—No hay nada que arreglar, los caminos funcionan a la perfección, son solo las coordenadas de Zan Mar Tyn y San Argente las que no permiten conectar con una puerta. Y ya te lo dije, tus folkloristas saldrán de todas formas —volvió a la computadora y tecleó unos nuevos comandos. La enorme pistola láser volvió a descender del techo y apuntó en medio de los dos pilares—, nadie se dará cuenta del desgarro en el velo.
Micolash gruñó aún dudoso de las palabras del médico, aún y a pesar de los años con los que ha demostrado su pericia científica.
Rose Mary seguía portando su traje entallado, pero se había puesto encima su bata clínica. Llamó la atención de una alquimista que se encontraba cerca.
—Podrías por favor tráenos los alijos y el equipo de Ludovic y Charlotte.
La mujer asintió y después de perderse por la sala unos segundos regresó con un carrito en el que se veían las muñequeras de metal negro, las armas y otros materiales de folklorismo.
Apenas Ludo y Charlz se pusieron las muñequeras las armas y herramientas en el carrito fueron desmaterializados, entre los objetos se vieron un par de inhaladores y algunos cuantos viales de aqua vitae y aqua fortis, además de un dron yi-mini inactivo.
Ludovic tomó una de las katanas y la desenfundó hasta la mitad mostrando un filo cristalino, transparente, como el de una hoja de vidrio. La enfundó y giró el mango provocando un click, desenfundó de nuevo, ahora la hoja era de color negro, igual a como veían durante el versus con Dante. Tomó la otra katana e hizo chocar sus alijos, ambas se desmaterializaron.
—Llevas hojas de plata, sodio y acero en tus katanas —aseguró Micolash a Ludo—. Lo mismo para ti Charlotte, tu munición es similar. Pero recuerden, avistamientos no es un círculo de combate, usen sus armas solo para momentos de exclusiva necesidad, no quiero que se repita su resultado anterior.
—Pero… —Ludo fue interrumpido por su maestre.
—¡Sin excusas! —Micolash volteó con Charlotte quien se mantenía firme como soldado—, ¿entendido?, el collar de obediencia se queda en su cuello.
—Claro, maestre.
Micolash siguió observándolos, con dureza. Pasados unos segundos asintió con rostro más apacible.
—Espero prontas y buenas noticias.
Jolane de pronto se había acercado y permanecía expectante a unos cuantos metros de donde estaban. Micolash también se percató de su presencia, pero al parecer solo fue Ludovic quien percibió algo extra, algo además de la tensión que ya de por sí generaba, había un muy sutil hedor en el aire, como carne podrida. Pseudociencias siempre estaba lleno de aromas curiosos por tantas sustancias que usaban los alquimistas, así que Ludo supuso que podría tratarse de algo así, tal vez la paladín fue salpicada por algo. Por algunos minutos Jolane mantuvo su mirada fija en el íncubo, mostrandose inexpresiva, le provocó algo de escalofríos lo cual lo hizo sentir algo estúpido, independientemente de su puesto en el consejo solo era una paladín más con un apellido importante entre los folkloristas.
—Los dejo, tengo algunos asuntos del consejo que atender y otros avistadores que también esperan salir—les dedicó una última mirada antes de decir.
El maestre se despidió con una inclinación de cabeza, incluso de Félix quien ya no portaba su vestimenta de combate. Ahora se le veía con un pants y playera de tirantes con lo que mostraba un físico fuerte pero que también se veía suave. Ludovic no dejaba de mirar indiscretamente hacia los pectorales de Félix.
Micolash salió de la sala seguido por Jolane, y el hedor podrido también desapareció, tan solo quedó el olor a ozono tan característico del páramo y los caminos.
—Oye —NovaTec llamó la atención de Ludovic desde el escritorio, la luz de la pantalla le iluminaba sus ojos carmesí junto con los mechones de cabello teñidos de morado—, ¿qué fue eso?
—¿Qué fue qué? —respondió con otra pregunta, confundido—, ¿Micolash regañándome otra vez?
—No, lo de Samuel —dijo con una media sonrisa, entre sus labios bailaba el palito blanco de una de las paletas de la bolsa que le había regalado—, te estaba pidiendo un revolcón y tú no parecías muy animado al respecto. Se que te acabo de dar tu malteada, pero aun así... ¿te sientes mal?
Ludovic sintió algo de pesar extenderse por su pecho antes de soltar un suspiro. Volvían sus conflictos internos por su naturaleza preternatural. NovaTec ya le había dicho antes que veía a Ludovic más allá de solo ser un oniriano e íncubo, pero luego llegaba a soltar comentarios como ese.
—¿Ludo? —NovaTec dejó de prestar atención a la computadora.
El cerbero suspiró y tomó asiento sobre el escritorio.
—Tú sabor favorito es la uva, ¿no?
—Sí, creo que es obvio —sonrió y sacó la paleta de su boca, mostrándola.
—¿Y te gustan todos los refrescos de uva?, ¿todos los dulces?
—No... hay varios que no me gustan. ¿Pero qué tiene que ver eso con...? —NovaTec quedó en silencio y su pregunta inconclusa se suspendió en el aire.
Ludovic sonrió levemente mientras observaba cómo la mirada roja de su amigo se perdía en algún punto del monitor que tenía enfrente, aunque no había nada en él que estuviera observando en realidad.
El íncubo se levantó del escritorio y tiempo después escuchó a NovaTec volver a teclear, tras su espalda.
—¡Todo listo! —gritó Rose Mary a lo lejos desde la plataforma en la que reposaban las columnas. Se apresuró a bajar en cuanto las luces de las mismas comenzaron a encenderse.
Los estrobos del techo se activaron y la voz de Monad se hizo presente.
ACTIVANDO PILARES BOAZ Y JAKIN.
—Rose, ¿puedes terminar de abrir los caminos? —preguntó NovaTec en cuanto su asistente volvió al escritorio—. ya están listas las coordenadas al igual que el pulso de desilusión que cubrirá el desgarro.
—Claro —aseguró y tomó asiento.
A las balizas lumínicas se les unió una chicharra en cuanto el muro de cristal comenzó a descender aislando a Ludovic, Charlotte y NovaTec del resto de la sala.
—Yo... —Ludovic escuchó a su amigo hablando desde su espalda, dio media vuelta y le dedicó una ceja arqueada en confusión—, perdón por...
—¿Perdón por qué?
TODOS LOS PRESENTES, MANTENGAN SU DISTANCIA. LOS FOLKLORISTAS QUE ATRAVESARAN LOS CAMINOS, FAVOR DE ACERCARSE A LA TERMINAL PARA CONFIRMACIÓN DE IDENTIDAD.
NovaTec frunció los labios hasta formar una línea de rosa pálido. Era visible el conflicto interno que se estaba llevando en sus pensamientos, pero Ludovic no lograba entender lo que le estaba molestando.
—Nada, creo que tengo que pensar muchas cosas —dijo soltando algo de su tensión y sonriendo de forma suave.
—Ok... —agregó Ludovic sin entender lo que pasaba.
Se vio caminar a Charlotte hacía una pequeña computadora parecida a la que había frente a las armería y con las que estaban afuera de las arenas de combate. Las columnas sobre la plataforma zumbaban tanto como si en su interior hubiera un enjambre de insectos furiosos. Tantos años usando ese medio de transporte y aun a la fecha el sonido ponía a Ludo con los pelos de punta, algunas ocasiones llegó a imaginar que se rompían a causa de tanta vibración y liberaban a cientos de insectos que terminarían por atacarlo. La tela ondeante holográfica se fue manifestando entre los dos pilares y la luz que se reflejaba en su superficie daba la impresión de estar frente a una especie de espejo elástico.
Charlotte pasó su reloj sobre el escáner.
IDENTIFICACIÓN: CHARLOTTE PAVLICHENKO, FOLKLORISTA ARTILLERA. ACCESO CONCEDIDO.
Al seguir el turno de Ludo NovaTec le tomó del brazo y lo jaló hacia atrás. Cuando le miró el médico volvía a tener una máscara de seriedad cuando le mostró un objeto pequeño, una llave de aspecto común pero con un diseño algo tecnológico. Diminutas luces parpadeaban en su superficie cada tanto. Ya había visto llaves así entre algunos alquimistas y folkloristas pero no recordaba bien ni mucho menos el nombre que tenían. La confusión de Ludovic igual aumentó.
NovaTec volvió a jalarlo hasta que ambos rostros quedaron a la misma altura.
—Quiero que guardes muy bien esto, pero tenla siempre contigo —susurró con un tono de voz que pocas veces le había escuchado.
—¿Pero por qué...?, ¿qué es...? —no dejaba de mirar entre la llave y los ojos rojos de NovaTec—, o sea, es evidente lo que es, pero... ¿qué abre o qué?
—Escucha —NovaTec tomó la llave y la metió en uno de los bolsillos del pantalón del incubo. Al rozar su pierna Ludo peló sus ojos—. Tengo sospechas de que en Zan Mar Tyn está pasando algo más serio que un simple caso de folklore.
—¿A qué te refieres? —preguntó aún más confundido, susurraba a pesar de que ni sabía por qué lo hacía, solo estaba siguiéndole la corriente a su amigo.
—Está llave puede abrir los caminos desde cualquier puerta que tenga cerradura, el otro extremo estará conectado a mi dormitorio. Si durante su investigación se topan con situaciones demasiado… peculiares, no lo pienses mucho y úsala, necesito saber si mis sospechas son ciertas.
—Pero si somos folkloristas, encargarnos de situaciones peculiares es nuestro trabajo.
—Sabrás a lo que me refiero cuando lo veas… si es que estoy en lo correcto —la mirada de NovaTec parecía inquieta a pesar de no estar viendo nada en específico. Ludovic comprendió.
—¿Notaste algo…? —cuestionó cauteloso— ¿...con tus poderes?
—¿Todo bien? —preguntó Charlotte desde la plataforma, el fuerte zumbido amortiguaba la conversación que se estaba llevando al otro lado—, ¿nos vamos, Ludo?
—Si, todo bien, dame un momento —respondió NovaTec con un antifaz de sonrisa.
Charlotte siguió viéndolos con sospecha.
—Ese es el problema —volvió a susurrar NovaTec, retomando las preguntas previas preguntas de Ludo—, no hay nada que ver en Zan Mar Tyn o su pueblo vecino, lo único que veo es blanco y estática, es como si algo o alguien estuviera ocultando el sitio por completo.
—Cómo lo que ocurre con la torre de los videntes —afirmó Ludo obteniendo un asentimiento de NovaTec—. ¿Le has dicho a alguien sobre esto?, ¿el consejo, los pilares? —miró hacia el bolsillo de su pantalón donde NovaTec guardó la llave—, ¿no sería mejor entregarle esto a Charlotte?
—Yo tampoco estoy en muy buenos términos con el consejo, si hablo de mis sospechas lo tomarán a mal, podría apostar a que todo se saldría de control. El mundo tiene suficientes conflictos bélicos como para agregar una guerra preternatural, no quisiera que volviera a ocurrir algo como lo de Yeru Shalom. Por eso tengo que comprobarlo con mis propios ojos, para eso es la llave.
—Hmmm… —Ludovic gruñó en queja—, a quien se lo estas pidiendo, tú y Charlotte se la viven diciendo que me comporto como tonto.
—Confío en ti —afirmó tomándolo de los hombros—. No tengo dudas de que Charlotte es una excelente folklorista, pero se que le contaría de inmediato a Micolash. No le digas nada hasta que también lo consideres necesario.
—Pero... ¿cómo voy a usar la llave si ni siquiera se puede sincronizar una puerta desde aquí?
—Mentí un poco en eso… —confirmó rascándose la cabeza— Hay una pequeña zona en San Argente que sí aparece en el páramo, un sitio apartado, muy al borde de ese otro pueblo. Sea lo que sea que haya ocultando el lugar no alcanzó a cubrir esa zona. Es un viejo motel de nombre Motel Concepción de Plata, sugiero que se hospeden ahí.
—¿Pasa algo, NovaTec? —Rose Mary habló desde un parlante al otro lado del cristal.
—Nada Rose, Ludovic ya está listo —NovaTec le palmeó el hombro a su amigo una última vez antes de retroceder y recargar su espalda sobre el cristal.
El médico levantó sus pulgares y extendió una sonrisa, como si no le hubiera soltado todo una avalancha de información críptica. Ludovic sintió sus pensamientos pesados, casi pegajosos.
—Deja de mosquearte —le increpó Charlz desde atrás. Bajó de la plataforma para jalarlo del cuello de su camisa hasta colocarlo frente a la terminal.
Al pasar su reloj por el escáner volvió a escucharse la voz de Monad.
IDENTIFICACIÓN: LUDOVIC VALMONT, FOLKLORISTA CERBERO ASESINO. ACCESO CONCEDIDO.
FALLO DE SINCRONIZACIÓN CON PUERTA DE SALIDA. CAMBIANDO DE MODALIDAD A SALIDA DE CONTINGENCIA.
NovaTec volteó con Rose quien seguía en la computadora. La doctora tecleó unos comandos y el láser en el techo comenzó a resonar in crescendo.
DESGARRO DE VELO DEL PÁRAMO EN TRES, DOS, UNO.
Se produjo un fuerte destello y un ruido sordo que atronó los tímpanos de los tres. El láser impactó entre los pilares banco y negro. Igual a como se vio hace unos momentos, el aire se fragmentó en cientos de esquirlas que transformaron el fondo del lugar en un enorme caleidoscopio holográfico.
Charlotte y Ludovic subieron las escaleras, miraron sobre sus hombros en un signo de despedida para NovaTec, Rose y Félix quién aún seguía junto al escritorio y ondeaba su mano desde la distancia, Charlz sonrió y correspondió su gesto.
Tras un intercambio de miradas, los dos avistadores cruzaron la explosión cristalizada de aire, ingresando a los caminos. Ambos sintieron esa fría descarga eléctrica en la piel, una sensación muy conocida entre folkloristas, junto con el vértigo y las náuseas que causaba el brusco cambio entre dimensiones



I've read the chapter you shared, it's a fascinating glimpse into this world. The tension you build in mundane moments, like Sam helping Ludo pick up papers while making casual plans that clearly unnerve him, is really effective. The way Ludo's incubus nature forces physical reactions regardless of his feelings adds such a rich layer of discomfort to that interaction. I'm curious about the "caminos" (paths) the folkloristas are about to cross is this mission connected to the previous "resultado anterior" Micolash warned them not to repeat, and what happened back then?